¿Qué pasa?

Hace dos días fui a cenar hamburguesas. Es un puesto en la calle, a la orilla del boulevard cerca de mi casa, hamburguesas hechas al carbón. Paso muy seguido por ahí y he ido en muchas ocasiones, así que identificaba bien a las personas que ahí trabajaban.

Desde hace unas semanas me di cuenta que había un parrillero diferente, fue muy obvio porque antes era un señor, alto, corpulento y de bigote, y ahora había un joven delgado al que le calculé 18 ó 19 años, que me pareció un poco distraído pero que sin embargo tenía una cara amable.

Como iba yo solo, la pedí para llevar y me senté a esperarla. Mientras el chavo ponía la carne de mi hamburguesa en el asador, y a falta de algo más interesante que hacer, lo estuve observando, me llamó la atención justamente que fuera tan joven, pensé si trabajaba para pagar su escuela, para ayudar a su familia o simplemente para tener dinero para darse algún gusto. No quería construir una historia alrededor de él, simplemente me pareció curioso verlo ahí, concentrado en la parrilla y en la carne. No sabría decir qué fue, pero algo de él llamó mi atención. Después observé lo que había a mi alrededor, pensaba como MacPato (porque así le decíamos al dueño) había tenido la visión suficiente para hacer un buen negocio de la nada, ahí en la calle; y en eso lo vi, llegó en su moto a recoger más hamburguesas que tenía que ir a repartir y se fue nuevamente.

Cuando la carne se terminó de asar, el parrillero la pasó a otro de los empleados para que preparara la hamburguesa, y mientras se fue a sentar justo a la mesa donde yo estaba, a mi lado. Supuse que estaría cansado, no era muy tarde, pero seguro no es fácil estar parado todo el tiempo y además con el calor del asador. Me pareció extraño que no se fuera a sentar donde estaban sus compañeros y que, además, se quedara callado y pensativo; pero en realidad no le di ninguna importancia, no la tenía. Me dieron mi hamburguesa, pagué y me fui.

Esta mañana, mientras revisaba los periódicos en la oficina me encontré una nota: “Empleado mata a dueño de negocio de hamburguesas”, no sé porque, pero de inmediato me vino a la mente el lugar al que había ido hace apenas dos días, así que empecé a leer y, efectivamente, hablaban de las hamburguesas en las que había estado cenando, y lo que es peor, el empleado asesino es el joven al que yo estuve observando, el que estuvo sentado junto a mí.

No describiré la nota a detalle ni las circunstancias, que además salió en todos los periódicos del día, sólo diré que ahora sé que el parrillero tiene ¡17 años! Y le dio un balazo a su jefe. Lo atraparon y seguro en estos días saldrá alguna nota más al respecto.

¿Qué orilla a un chavo de 17 años a matar a su jefe?, ¿qué estaba pensando un día antes cuando estaba sentado junto a mí?, no pasaron ni siquiera 24 hrs. después de que lo estuve viendo, pero fue tiempo suficiente para arruinar su vida, y para quitársela a alguien más.

¿Qué le pasa a nuestra ciudad, a nuestro país?, ¿qué le pasa a nuestros jóvenes?, ¿qué le pasa a la gente que puede quitarle la vida a otra persona de una manera tan simple?, ¿qué desata tanta violencia en la mente de una persona?, ¿qué nos queda para protegernos, para evitar tanta violencia innecesaria?, ¿qué podemos hacer para que nuestra ciudad y nuestro país no se conviertan en un infierno?, ¿qué nos pasa a todos?, ¿cómo llegamos a esto?, ¿cómo podremos evitarlo?

No sé si yo puedo responderlo, pero definitivamente necesitamos hacer algo. No fueron los políticos, no fue la policía corrupta, no fue la falta de vigilancia, no fue la crisis; necesitamos voltear a otro lado, darnos cuenta que mientras las familias, esos círculos primarios, no lancen al mundo gente con ganas de vivir, estas cosas seguirán pasando.

Lo que tenemos en la cabeza, ese gatillo que no se dispara cuando damos una mordida, tomamos algo que no es nuestro, traficamos droga o matamos a alguien, ese botoncito llamado conciencia y respeto por los demás, no lo va a activar ni Calderón, su gabinete o todo el ejército. Ese es un click que sólo aprende a activarse en casa. Puede sonar a círculo vicioso, porque ¿cómo vamos a aprender si a veces ni familia tenemos?, pero en el fondo, el problema es el mismo.

Yo sigo pensando, ¿qué puedo hacer cada día para cambiar esto? Espero que también lo pienses tú.

Comentarios

  1. Impactante. Pero como dices todo es un círculo vicioso. Tal vez los niños crecen con esas ganas de vivir que la misma sociedad se las va destruyendo con maestros (algo) idiotas en la escuela, con empleos mal pagados o simplemente sin ellos, con porquerías en los medios, en fin... Quizá la esperanza se fue y con ello su raciocinio.

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  2. La indiferencia es uno de los mayores males que todos padecemos en algún momento de nuestra vida, unos simplemente viven en ella y quiza mueran en ella, es altamente contagiosa, se alimentan del miedo y la negación. Nada cambiará a menos que tengamos el valor para romper con esa sombra que cada vez se hace más grande.

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